viernes 12 abril 2024

Los lagos, canales y acequias en la Ciudad de México y Tenochtitlán

Conoce la historia del pasado lacustre desde la antigua Tenochtitlán hasta la los últimos vestigios de la acequias en la Ciudad de México

La academia de San Carlos

A lo largo de los siglos, desde el XVI hasta la actualidad, La academia de San Carlos ha sido el crisol donde se han moldeado sucesivas estirpes de creadores, muchos de los cuales desempeñaron un papel fundamental en la configuración de gran parte de la herencia cultural arraigada en el corazón mismo del Centro Histórico.

Desconfianza y temor hacia la vacunación en México durante el siglo XIX

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Acequias, canales y acueductos de la Ciudad de México

Canales de la Ciudad de México

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En esta ocasión vamos a ver la descripción de las acequias canales y acueductos de la ciudad de México un poco más a detalles y una por una, para entender más como funcionaban y cuál era su ruta.

Estas son las acequias más importantes que formaban parte de la Ciudad de México

Acequia de Santa Ana-Santa Isabel

El nombre de esta distinguida acequia no se originó, como a menudo se presume, en homenaje a una Alteza Serenísima, sino en virtud de uno de sus brazos que fluía al norte del venerable templo de Santa Ana Atenantitech. Desde la encrucijada de Flores Magón, esta corriente acuática se deslizaba hacia el sur, atravesando la zona de Eje Central, donde se erigían varios puentes notables.

Entre ellos, se destacaban el Puente de las Guerras (donde se ramificaba en dos brazos), el Puente de los Ángeles, el Puente de Santa María, el Puente del Zacate (también conocido como Perú), el Puente de Villamil, el Puente Juan Carbonero y el célebre Puente de la Mariscala, ubicado en la avenida Hidalgo, justo en frente del Convento de Santa Isabel, hoy conocido como el majestuoso Palacio de Bellas Artes.

Siguiendo su curso, esta acequia atravesaba el Puente de San Francisco (situado en la intersección de Juárez y Madero) y culminaba en el Puente del Hospital Real, localizado en la intersección de Venustiano Carranza y Artículo 123, donde se encontraba su desenlace, uniendo su flujo con la Acequia Real. Además, marcaba los límites septentrionales que dividían la ciudad de Santiago Tlatelolco, a través de un ramal que se adentraba al oriente, serpenteando por los barrios de Peralvillo y Tepito a lo largo de la calle Matamoros.

Entre los puentes que cruzaban esta acequia se incluyen el Puente de Santiago (anteriormente denominado Allende), el Puente Tecolotes (conocido como Comonfort), el Puente de Santa Ana (ubicado en Peralvillo) y el Puente de Chirivitos (situado en Jesús Carranza).

Posteriormente, se fusionaba con la Acequia de Zorrilla antes de llegar a su destino final en la Compuerta de Tepito. Sin embargo, lamentablemente, en el año 1882, esta venerable acequia fue sellada, marcando así el final de su legado histórico en la ciudad.

Acequias, canales y acueductos de la Ciudad de México

Acequia de San Pedro y San Pablo

Un antiguo cauce que fluía desde Tezontlale y conectaba con la Acequia del Carmen despierta nuestra curiosidad histórica. Esta corriente de agua, después de atravesar el convento en una dirección hacia el sur, serpenteaba con gracia entre los edificios hasta llegar a Girón, donde cruzaba sobre los icónicos puentes de San Sebastián (anteriormente conocido como Bolivia) y del Cuervo (renombrado como Colombia). En su travesía final, tomaba un giro hacia el poniente y desembocaba en el Puente de San Pedro y San Pablo, marcando así los límites del Colegio Máximo en aquel entonces.

Esta narrativa nos transporta a un tiempo pasado, revelando la intrincada red de acequias que una vez irrigó la ciudad, y cómo estas vías de agua históricas moldearon su paisaje urbano.

Acequia del Carmen

Al sur de Tezontlale, descubrimos la fascinante Acequia del Carmen, que recibió su nombre en honor a su proximidad a la plaza del Convento de los Carmelitas Descalzos. Este cauce fluvial emergía desde el oeste, a lo largo de la calle Violeta, y posteriormente, después de atravesar Santa María en el punto donde se erige el Puente del Zacate, continuaba su camino por la República de Perú, justo en frente de la Plaza de Montero, a escasa distancia de la Plaza del Jardín (más tarde conocida como Garibaldi) y del vibrante barrio de La Lagunilla.

Siguiendo la dirección de poniente a oriente, la actual República de Perú estaba compuesta por distintos segmentos como Cerca de San Lorenzo, Espalda de la Misericordia, Puerta Falsa de Santo Domingo, Pulquería de Celaya y Apartado. A lo largo de su recorrido, cruzaba bajo varios puentes notables como el Puente de la Misericordia (también conocido como Allende), el Puente Santo Domingo (identificado como Brasil), el Puente Leguísamo (llamado Argentina) y el Puente del Carmen (conocido como Carmen-Aztecas).

Más adelante, tras pasar por el antiguo edificio del Apartado, que hoy en día alberga el Museo Numismático Nacional, llegaba frente a la plaza del Convento del Carmen, que fue famosa por su fuente y la estatua en honor a Miguel Hidalgo, aunque en la actualidad ocupa este espacio la Escuela Primaria Abraham Castellanos, junto a otra amplia plaza denominada La Concordia. Continuando hacia el oriente, atravesaba el Puente de Cantaritos (rebautizado como Torres Quintero-Florida), ubicado en la moderna Manuel de la Peña y Peña, y unos pocos cientos de metros más adelante llegaba a la Compuerta de San Sebastián.

Es importante destacar que el tramo que se extendía desde Santa María hasta el convento carmelita fue sellado en el año 1794, y noventa y dos años después, el segmento oriental de la acequia también sufrió el mismo destino. Este relato nos permite apreciar la rica historia que se encuentra en las entrañas de la ciudad.

La plaza del volador

Acequia de Tezontlale (Tezontle, Tezontlali)

La histórica Acequia de Tezontlale (conocida también como Tezontle o Tezontlali) fluía majestuosamente desde el oeste hacia el este, serpenteando a través de la ciudad de antaño. Su curso la llevaba entre dos cementerios ya desaparecidos, Santa Paula al sur y San Andrés al norte, en el pintoresco barrio de Santa María la Redonda-Cuepopan. Esta serpentina de agua atravesaba la renombrada Calzada de Santa María (conocida como Eje Central en la actualidad), cambiando su denominación a Puente de las Guerras a la altura del cruce con la acequia, en conmemoración al puente que se erigía sobre ella. Más adelante, la acequia adentraba en la urbe a través de la Calle de Órgano, pasando por debajo de los icónicos puentes: el Puente del Clérigo (también conocido como Allende) y el Puente de los Esquiveles (llamado Carrizo-Comonfort), para luego incorporarse al Eje 1 Norte en las proximidades del Puente de Tezontlale (hoy en día conocido como República de Brasil). En su trayecto, transitaba por el Callejón de los Puentecitos (actualmente denominado Callejón Ecuador) y cruzaba el Puente Blanco ubicado en la calle del Relox (hoy Argentina), justo en la ubicación actual de la Librería Porrúa, en las cercanías del majestuoso Templo Mayor.

Al llegar al punto donde la calle Ecuador se transformaba en Costa Rica, justo en frente del actual Mercado de Granaditas, la acequia se adentraba en una zona escasamente urbanizada, al menos hasta mediados del siglo pasado. En la esquina de la calle Florida, se fusionaba con la Acequia de Zorrilla. Sin embargo, lamentablemente, en 1882, el flujo de Tezontlale fue interrumpido, marcando el fin de una parte importante de la historia de la ciudad.

Antigua Acequia Real

Acequia de Monserrat (Monserrate, Montserrat)

Emergiendo a pocos metros de la esquina de Toribio-Cruz Verde (conocida como Izazaga) y Monserrate (en Isabel la Católica), se encontraba la enigmática Acequia de la que queremos hablar. Esta antiquísima vía de agua se adentraba en la periferia indígena del sur a través de un callejón que lamentablemente ha desaparecido con el tiempo.

Su recorrido la llevaba a cruzar la calle Nezahualcóyotl, integrándose a la vía Isabel la Católica, en medio de los asentamientos de San Salvador el Seco al oeste y San Salvador el Verde al este. Tras atravesar el Puente de Carretones, la acequia tomaba un giro hacia el sureste y se adentraba en la Rinconada de la Chinampa (una calle que ha quedado en el olvido con la creación de Fray Servando), ubicada dentro del barrio de El Verde.

Su travesía continuaba hasta llegar a Necatitlan (en la actual 5 de Febrero), cerca de Tlaxcoaque, donde se unía con la Acequia de Xoloc-Chimalpopoca-San Antonio Abad, que a su vez conectaba con la Acequia de Roldán hacia el este. En épocas de lluvias, esta zona se transformaba en una vasta ciénega chinampera, recordándonos la importancia del manejo del agua en la historia de la ciudad.

Además de la Acequia de la Merced-Regina, otras acequias desempeñaron roles fundamentales en el tejido urbano. Las Acequias no navegables formaban parte del colosal proyecto conocido como la Zanja Cuadrada, una construcción novohispana tardía diseñada en parte con fines fiscales y defensivos.

Estas acequias incluían la de San Diego, que alternaba entre canal y ciénega, y era notoria por ser el lugar donde arrojaban las cenizas de los ejecutados por la Inquisición. También se contaban las de los barrios de Niño Perdido y Candelaria de los Patos, que albergaban a estas aves migratorias, así como la Acequia de Santa Veracruz y las acequias laterales que delimitaban el Paseo de Bucareli.

Las acequias fueron testigos tardíos de los antiguos rasgos lacustres de esta metrópoli, cuya comprensión no puede obviar su profunda relación con el agua. Su desaparición no solo supuso la pérdida de elementos comerciales, urbanísticos y viales, sino también la desaparición de rasgos identitarios de los barrios y sus habitantes, cuyos orígenes se remontan al siglo XIV. Sin embargo, en ocasiones, durante épocas de lluvias, el agua regresa para inundar las aceras y calles, recordándonos que la ciudad aún guarda en su corazón una nostalgia o temor por su pasado acuático.

El Paseo de la Viga

Acequia de la Merced-Regina

Una de las históricas acequias «interiores» que recorrieron la Ciudad de México fue la de la Merced-Regina, cuyo origen se encontraba en el extremo sur de la Acequia de Santa Isabel. Esta canalización de agua trazaba un recorrido serpenteante a través de las calles y vecindarios de la ciudad, dejando su huella en el tejido urbano.

Comenzando en la calle de Zuleta, la acequia tomaba un giro hacia el sureste, atravesando manzanas y emergiendo en la calle de Ortega (hoy conocida como Uruguay). Luego, pasaba por la esquina donde se alzaba el Puente Quebrado (Salvador), conectando con la calle de las Ratas (Aldaco) y continuando hacia la esquina de Mesones y Bolívar. Llegaba a Regina, cerca del Convento de Regina Coeli, y avanzaba casi hasta la esquina de Tornito de Regina-San Jerónimo, finalizando su trayecto en el Puente del Monzón (Isabel la Católica), donde en la actualidad se encuentra la Casa de la Acequia.

En este punto crucial se entrelazaban tres acequias: la Merced, la Chapitel (dirigida hacia el poniente) y la Monserrat (que se dirigía hacia el sureste). La acequia de la Merced seguía su curso al noreste en dirección al barrio de la Merced, atravesando la calle Isabel la Católica y adentrándose en los puentes de Aduana Vieja (5 de Febrero y Regina), de Jesús (ubicado en Mesones, casi en la esquina con Pino Suárez, frente al hospital homónimo), Balvanera (en Correo Mayor, en la esquina con Salvador) y luego adentrándose en las propiedades entre la manzana de Correo Mayor-Las Cruces. Finalmente, llegaba a la esquina de Puerta Falsa de la Merced (Uruguay) con la calle de Fierro (Jesús María, a pocos metros del Convento de la Merced y del templo de San Pablo).

La acequia continuaba su curso hacia el oriente en línea recta sobre la calle Uruguay hasta llegar al Puente de Santiaguito, donde se encontraba con la Acequia de Roldán. A unas cuadras de distancia, entre Uruguay y Manzanares, el canal se introducía nuevamente entre las viviendas, atravesando la callejuela de Santo Tomás para reaparecer en Manzanares, frente al templo del Señor de la Humildad. Su recorrido seguía al noreste, serpenteando entre las casas y cruzando el puente del Rosario (en la esquina de Corregidora con Rosario) hasta llegar a su destino final en la Zanja Cuadrada (en Congreso de la Unión), al sur de la Garita y la Compuerta de San Lázaro.

Este relato nos permite apreciar la compleja red de acequias que una vez cruzaron la ciudad, dejando su huella en su desarrollo histórico.

Detalles curiosos sobre el desfile militar del 16 de septiembre en México

Desfile 16 de septiembre

El desfile militar del 16 de septiembre es un evento anual que se lleva a cabo en todo México para conmemorar el inicio de la lucha por la Independencia de México. El desfile es organizado por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y cuenta con la participación de las tres fuerzas armadas mexicanas: el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

Además de ser un evento cívico-militar, el desfile del 16 de septiembre también es una oportunidad para conocer algunos datos curiosos sobre la historia y la cultura de México. En este artículo, te presentamos algunos de estos detalles.

Entrada del ejercito Trigarante

La primera vez que se llevó a cabo el desfile militar

El desfile inaugural se remonta a un momento histórico crucial en 1821, cuando la Independencia de México se consolidó y el Ejército Trigarante, liderado por Agustín de Iturbide, hizo su entrada triunfal en la Ciudad de México.

El desfile militar del 16 de septiembre es el más grande de América Latina

El desfile militar del 16 de septiembre es el más grande de América Latina. En promedio, participan más de 15.000 militares, así como más de 100 vehículos y aeronaves.

Militares en el Zocalo

El desfile militar del 16 de septiembre está dividido en tres secciones

El desfile militar del 16 de septiembre está dividido en tres secciones:

  • Sección de honor: Esta sección está encabezada por la Escolta Presidencial, que es la unidad de honor del Ejército Mexicano.
  • Sección de tierra: Esta sección está integrada por las fuerzas terrestres del Ejército Mexicano, la Armada de México y la Fuerza Aérea Mexicana.
  • Sección aérea: Esta sección está integrada por aeronaves de la Fuerza Aérea Mexicana.

El desfile militar del 16 de septiembre ha sido cancelado en varias ocasiones

El desfile militar del 16 de septiembre ha sido cancelado en varias ocasiones, principalmente por motivos políticos o económicos. En 1911, el desfile fue cancelado por la Revolución Mexicana. En 1929, el desfile fue cancelado por la Gran Depresión. En 2020 y 2021, el desfile fue cancelado por la pandemia de COVID-19.

El desfile militar del 16 de septiembre no solo es militar

El desfile del 16 de septiembre se festeja con militares, pero eso es solo en las ciudades grandes o capitales de estado, en las ciudades pequeñas o puebles se celebra con los estudiantes de las escuelas de dichos pueblos

Desfile en Escuelas

El desfile militar del 16 de septiembre ha sido el escenario de varios eventos históricos

El desfile militar del 16 de septiembre ha sido el escenario de varios eventos históricos, como la presentación del nuevo armamento del Ejército Mexicano y el paso de tropas extranjeras. En 1942, el desfile militar fue el escenario de la presentación del nuevo armamento del Ejército Mexicano, que incluía tanques, aviones y artillería.

En 1959, el desfile militar fue el escenario del paso de tropas extranjeras, como parte de la visita del presidente de los Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower.

Siempre si invita a las naciones a enviar un contingente o una escolta que participe en este

Esta última edición del desfile militar fue controversial ya que se encontraba un contingente Ruso y otro Chino lo que si interpreto como un mensaje para estados unidos.

Pero lo cierto es que desde hace ya varios años se invita a diferentes naciones a participar en el desfile y otra cosa muy distinta es que estos países vayan.

El desfile militar del 16 de septiembre es un evento que promueve la unidad nacional

El desfile militar del 16 de septiembre es un evento que promueve la unidad nacional. El desfile es una oportunidad para que los mexicanos de todas las clases sociales se reúnan y celebren la Independencia de México.

El desfile militar del 16 de septiembre es un evento que celebra la historia y la cultura de México

El desfile militar del 16 de septiembre es un evento que celebra la historia y la cultura de México. El desfile es una oportunidad para recordar la lucha por la Independencia de México y para reafirmar los valores patrióticos.

Estos son solo algunos de los detalles curiosos sobre el desfile militar del 16 de septiembre en México. Si tienes la oportunidad de presenciar el desfile, te recomendamos prestar atención a estos detalles para aprender más sobre la historia y la cultura de

Templo de San Hipólito

Templo de San Hipolito

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Junto a una de las vías históricas más ancestrales de la metrópolis, se erige el venerable templo de San Hipólito, cuya rica historia se remonta al siglo XVI, dotándolo de un profundo legado que lo sitúa como un destacado enclave arraigado en el corazón de la ciudad.

Además de los escasos vestigios que persisten del emblemático ahuehuete, pocos elementos tangibles subsisten como testigos de la histórica Noche Triste o Noche de la victoria depende de dónde se mire. Entre estos escasos vestigios se encuentra el templo de San Hipólito, que se alza en un sitio estratégico a lo largo de la antigua calzada Tlacopan, emergiendo como un destacado hito de aquella época.

Este recinto, en la actualidad, congrega a una multitud de devotos cada 28 de octubre para rendir homenaje a san Judas Tadeo, pero su historia tiene sus raíces en la fatídica noche del 30 de junio de 1520.

Templo de San Hipolito

En esa trágica jornada, tras la masacre en el Templo Mayor, los conquistadores españoles y sus aliados se vieron forzados a huir de la ciudad de México-Tenochtitlan, llevando consigo los tesoros que habían saqueado. En su tumultuosa escapada hacia el pueblo de Tlacopan, hoy conocido como Tacuba, fueron emboscados y acosados por las tropas mexicas.

El lodo y las aguas del lago atraparon a numerosos hombres y caballos, con estimaciones de pérdidas hispanas que varían entre los ochocientos sesenta, según el relato de Bernal Díaz del Castillo, y quinientos españoles junto a cerca de cinco mil tlaxcaltecas, según otras fuentes.

Independientemente de la cifra exacta, es evidente que las bajas fueron notables. Los cronistas de la época cuentan que, al amanecer del 1 de julio de 1520, ya en seguridad en Tacuba, Hernán Cortés derramó lágrimas amargas al comprender la magnitud de su derrota.

Posteriormente, tras la caída de Tenochtitlan, en memoria de los caídos en aquella encarnizada batalla, el conquistador solicitó la construcción de una ermita en el lugar donde perecieron sus hombres.

Según los registros de Luis González Obregón, la construcción de lo que eventualmente sería el cimiento del templo de San Hipólito fue encomendada al soldado africano de nombre Juan Garrido. En sus inicios, se le conoció como la Ermita de los Mártires, y su dedicación a san Hipólito, cuya festividad se celebra el 13 de agosto, marcó el día de la victoria definitiva de los españoles.

Con el transcurrir del tiempo, en las inmediaciones de la modesta capilla comenzaron a surgir otros edificios. Según el libro «Hospedería de Santo Tomás de Villanueva y su entorno» de la historiadora María Cristina Montoya Rivero, en 1567, el fraile Bernardino Álvarez solicitó al ayuntamiento un terreno adyacente a la ermita para la construcción de un hospital destinado a enfermos mentales. Gracias al apoyo financiero de diversos benefactores, este complejo se concluyó a principios del siglo XVII y se considera el primer hospital psiquiátrico en el país.

En el año 1736, surgió un nuevo templo de estilo barroco que reemplazó al original, que ya se encontraba en ruinoso estado.

Conmemoraciones históricas en el Templo de San Hipólito

A pesar de haber experimentado varias modificaciones desde entonces, el lugar aún conserva algunos elementos notables, como un relieve arquitectónico peculiar en la barda del atrio. Esta obra, diseñada por el arquitecto José Damián Ortiz de Castro, conmemora los eventos ocurridos hace quinientos años y hace referencia a los presagios que precedieron a la caída de Tenochtitlan.

Estatua de San Hipolito

El relieve narra la leyenda del labrador, una historia que relata el secuestro de un campesino por un águila, que lo llevó a una oscura caverna donde también se encontraba Moctezuma II. En ese lugar, una voz misteriosa le ordenó quemar el muslo del emperador como un acto para revelar su arrogancia e insensibilidad. Esta misma voz le indicó regresar al día siguiente para mostrarle al gobernante lo acontecido y advertirle sobre las consecuencias de su comportamiento despectivo para su futuro.

Dentro de su obra «México viejo: noticias históricas, tradiciones, leyendas y costumbres», González Obregón retoma la versión de fray Diego Durán sobre esta narrativa y resalta la intriga que despierta el monumento: «Tal es el significado de ese relieve que muchos viajeros y habitantes de la ciudad lo observan sin comprenderlo: cada individuo lo interpreta a su manera, nadie acierta con la verdad, y esto se debe a que la leyenda está documentada en crónicas antiguas que no todos han tenido acceso a leer».

Sello San Hipolito

En la actualidad, al igual que la leyenda, pocos son conscientes de la existencia de esta escultura. Algunos, incluso, la asocian erróneamente con el mito griego del rapto de Ganimedes. Sin embargo, lo que está ampliamente reconocido es la devoción que suscita san Judas Tadeo, venerado en este templo desde 1982.

Desde la época virreinal, este recinto ha sido testigo de una celebración anual destacada: «El paseo del pendón», que conmemoraba la victoria de los españoles sobre México-Tenochtitlan y la fundación de la Ciudad de México.

Según la historiadora Montoya Rivero, esta festividad consistía en una procesión que comenzaba la víspera del 13 de agosto desde el edificio del cabildo en la Plaza Mayor hasta el Templo de San Hipólito; al día siguiente, la procesión se invertía.

Interior del Templo de San Hipolito

El pendón real encabezaba este desfile y era portado por el regidor de mayor antigüedad, mientras que el gremio de los plateros llevaba una representación de san Hipólito. Este evento, que incluía corridas de toros, reunía al virrey, así como a las autoridades civiles y religiosas, sirviendo como un acto de lealtad a la Corona. Con el tiempo, esta festividad perdió relevancia y, con los años, la participación popular fue menguando hasta caer en el olvido.

Siglos después, el templo continúa siendo un lugar de peregrinación y celebración, pero ahora es principalmente visitado por devotos de san Judas Tadeo, quienes acuden en masa el día 28 de cada mes y, en especial, durante el mes de octubre, llenando el lugar y sus alrededores de fervor y júbilo.

Santa teresa la nueva

Santa teresa la nueva

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En el lado oriental del Centro Histórico, se ubica este impresionante templo, que tiene sus raíces en el histórico convento de la Orden de Carmelitas Descalzas, cuya construcción se remonta a los albores del siglo XVIII. Este sitio encarna la riqueza de nuestra herencia arquitectónica y es un testimonio vivo de nuestra historia cultural.

Parroquia Santa teresa la nueva

El Templo de Santa Teresa la Nueva, una joya arquitectónica de principios del siglo XVIII, fue erigido por la Orden de las Carmelitas Descalzas como una extensión del Convento de San José.

Este templo es un testimonio vivo de nuestra historia y cultura, y su ubicación estratégica en el centro de la ciudad es realzada por una exquisita fuente diseñada por el renombrado arquitecto Manuel Tolsá.

Es interesante destacar que, según el historiador Francisco de la Maza en su obra «Arquitectura de los coros de monjas en México,» este lugar se caracterizaba por ser el recinto religioso más modesto de toda la Nueva España en su época.

Construcción de Santa teresa la nueva

El Templo de Santa Teresa la Nueva es una de las construcciones más tardías de su género. Al iniciar su planificación a principios del siglo XVIII, ya existían dieciocho conventos dedicados a mujeres en toda la ciudad de México.

Esta particularidad tenía diversas implicaciones, ya que, para obtener la autorización necesaria para construir un convento, era imperativo no estar en proximidad excesiva a otros conventos. Esto se hacía para evitar que interfirieran mutuamente en asuntos como el suministro de agua, que en ese entonces presentaba desafíos considerables, según lo menciona la historiadora Graciela Bernal Ruiz en su obra «El convento de Santa Teresa la Nueva de la Ciudad de México«.

Inicialmente, se consideró otro emplazamiento para el Templo de Santa Teresa, específicamente en la calle de Tacuba, en las cercanías del antiguo Convento de Santa Clara.

No obstante, este lugar, aparte de estar próximo a otros lugares de culto religioso como el noviciado de San Andrés de la Compañía de Jesús, el Convento de Betlemitas y el mismo Santa Clara, resultó inviable debido a su tamaño insuficiente.

Elementos de santa teresa la nueva

En consecuencia, se tomó la decisión de trasladar el proyecto a la Plaza de San Gregorio, como se le conocía en ese entonces, ahora famosa como Plaza de Loreto. Este terreno había sido parte del antiguo Hospital de San Lázaro, dedicado a la atención de personas aquejadas de lepra.

La construcción del templo estuvo a cargo del arquitecto Pedro de Arrieta, reconocido por su contribución a otras emblemáticas edificaciones barrocas en la Ciudad de México, como el Palacio de la Inquisición (actualmente en la República de Brasil), la sacristía de Santo Domingo de Guzmán (justo enfrente), el Templo de Corpus Christi (frente a la Alameda) y la iglesia de La Profesa (situada en Isabel la Católica). Además, Arrieta ejerció como maestro de obras en la majestuosa Catedral de la ciudad.

Es relevante mencionar que el templo actual no conserva la estructura original de estilo barroco, ya que durante su reconstrucción en el siglo XIX, se optó por un enfoque arquitectónico ecléctico, influenciado principalmente por las corrientes grecorromanas propias del neoclasicismo. Esta transformación arquitectónica ha dejado una huella única en la historia del templo.

El histórico Templo de Santa Teresa la Nueva fue fundado y dedicado el 5 de diciembre de 1704, marcando un evento de gran importancia en la historia de la ciudad. En esta memorable ceremonia, destacadas autoridades virreinales se dirigieron al Convento de San José y tocaron su puerta. En su interior, las religiosas esperaban con anticipación y, en un emotivo gesto, abrieron la puerta, emergiendo lentamente con velos negros que cubrían sus rostros. Marcharon solemnemente hacia Santa Teresa la Nueva, entonando el Te Deum Laudamus.

Interior Santa teresa la nueva

De acuerdo con el protocolo acordado, la última en salir fue la religiosa Teresa de Jesús, quien asumió el cargo de priora durante los primeros doce años de existencia del nuevo convento, bajo la autorización del Papa Clemente XI. La dedicación fue solemnemente coronada con el sonido de las campanas de la majestuosa Catedral Metropolitana, simbolizando la fundación del nuevo recinto religioso.

Sin embargo, a lo largo de los años, debido a la Ley de Desamortización de Bienes Eclesiásticos de junio de 1856, que provocó la exclaustración de religiosas, el convento perdió su función original y actualmente solo el templo subsiste en pie.

En septiembre de 1870, después de servir como bodegas y aulas, el resto del convento se transformó en la Escuela Nacional de Ciegos, la cual tenía un precedente importante en la Escuela Municipal de Sordomudos, fundada por Ignacio Trigueros en 1866, y que continúa funcionando hasta hoy.

La orden de las carmelitas, cuyo legado se remonta al siglo XVI en la ciudad (1585), estableció sus conventos en el XVII, cuando otras órdenes religiosas ya habían arraigado profundamente en la Nueva España. Esta rica historia religiosa es un testimonio de la profunda influencia de las órdenes religiosas en la vida de la ciudad.

Los murales de Diego Rivera

Lacha de clases en México

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El Centro Histórico resguarda el edificio civil más destacado, que resplandece con una colección significativa de obras del influyente artista del siglo XX, así es estamos hablando de los murales de Diego Rivera. Su maestría en la técnica de pintura al fresco desempeñó un papel crucial en la construcción de la identidad de una nación en plena transformación tras la Revolución.

Muralismo en México

En el lado oriental del Zócalo de la Ciudad de México se erige un impresionante edificio de piedra y mampostería que, a lo largo de la historia, ha sido el epicentro de los poderes políticos: el majestuoso Palacio Nacional. Desde sus inicios, construido sobre los cimientos del tecpan calli o las antiguas casas reales de Moctezuma, ha experimentado numerosas transformaciones hasta alcanzar su forma actual. Su última y más significativa metamorfosis arquitectónica se llevó a cabo en la posrevolución. En 1927, durante la presidencia del general Plutarco Elías Calles, se añadió un tercer piso al palacio, adaptándolo a la grandiosidad de su entorno, que incluye monumentales edificios como la Catedral y el Sagrario Metropolitano al norte, y el Ayuntamiento al sur.

En esta misma época posrevolucionaria, floreció una de las expresiones culturales más destacadas de México: el muralismo, liderado por figuras emblemáticas como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. Estos artistas legaron obras de gran formato que se integraron en lugares de importancia arquitectónica, como el Antiguo Colegio de San Ildefonso (entonces la Escuela Nacional Preparatoria), el edificio de la Secretaría de Educación Pública, la Casa de los Azulejos y el Museo de la Luz, entre otros.

El muralismo, enriquecido por los profundos cambios desencadenados por la Revolución, adoptó desde sus inicios un carácter marcadamente político, ideológico y social. El Manifiesto del sindicato de obreros técnicos, pintores y escultores, redactado en 1924, condenó enfáticamente la pintura de caballete como medio de expresión privilegiado y proclamó la glorificación del arte monumental como un patrimonio público.

Como resultado, el muralismo mexicano arraigó profundamente en la historia nacional, rescatando sus raíces indígenas, revitalizando a los personajes populares de la sociedad y destacando a las masas que jugaron un papel fundamental en la Revolución. La estética forjada por los muralistas no se limitó simplemente a representar un mundo que emergía de las cenizas del antiguo régimen porfirista; más bien, se convirtió en un motor crucial en la construcción de la identidad nacional. En esa época, cuando el gobierno surgido de la Revolución se esforzaba por definir nuevos paradigmas para la vida pública, con miras a llevar al país hacia una era moderna con un enfoque nacionalista, el muralismo aportó un significativo peso simbólico a este proceso.

Diego Rivera mismo expresó esta idea años más tarde a Luis Cardoza y Aragón, un destacado escritor y crítico de arte guatemalteco.

[…] por primera vez en la historia del arte de
la pintura monumental, es decir, el muralismo
mexicano, cesó de emplear héroes centrales de ella
a los dioses, los reyes, jefes de Estado, generales
heroicos, etcétera; por primera vez en la historia
del arte […] hizo héroe del arte monumental a la
masa, es decir, al hombre del campo, de las fábricas, de las ciudades, al pueblo.

Diego Rivera

Estos conceptos se manifiestan claramente en la obra artística de un pintor nacido en Guanajuato en 1886. Su formación incluyó la influencia de destacados artistas del siglo XIX, como Félix Parra, José María Velasco, Santiago Rebull y el Dr. Atl. Posteriormente, emprendió un viaje a Europa, donde adquirió habilidades en la técnica del fresco, utilizada por los grandes maestros del Renacimiento, y se sumergió en el arte de vanguardia que revolucionó la cultura europea a principios del siglo XX.

En 1929, ya consolidado como una de las figuras prominentes de la escuela mexicana de pintura, dio inicio al proceso creativo de la monumental Epopeya del pueblo mexicano.

Esta impresionante obra mural, uno de los murales de Diego Rivera más conocitas es una de las creaciones más monumentales de Diego Rivera, abarcando una superficie de doscientos setenta y seis metros cuadrados. Se encuentra majestuosamente ubicada en las escaleras principales del Palacio Nacional.

Mediante su virtuosismo en el manejo de la línea y la paleta de colores, Diego Rivera logró una interpretación magistral de la historia nacional, dividiéndola en tres partes distintas. Los paneles que componen este tríptico están organizados de manera cronológica, ofreciendo una perspicaz narración de la historia de México. El primero de ellos lleva el título de «México prehispánico», el segundo se titula «Historia de México: de la Conquista a 1930» y, por último, el tercero es conocido como «México de hoy y de mañana».

Indígenas en Murales

Etapa prehispánica en los murales de Diego Rivera

En el primer panel, situado en la parte norte, se inicia la representación de la historia desde la perspectiva de Diego Rivera. En este segmento, el enfoque principal recae en el rescate de la rica mitología de las civilizaciones precolombinas. El personaje central de esta sección es Quetzalcóatl, que se presenta como una potencia cósmica, una deidad y en su encarnación humana. Es visualizado naciendo de un volcán y posteriormente embarcándose en un viaje hacia el oriente, donde se enfrenta a Tezcatlipoca.

Antonio Rodríguez, en su obra «El hombre en llamas. Historia de la pintura mural en México», describe magistralmente esta parte de la obra de Diego Rivera.

En esta sección del inmenso fresco, que abarca siete metros y medio de ancho por poco menos de nueve de alto, Diego Rivera ofrece una visión detallada de aspectos cruciales de la civilización prehispánica. Aquí, se abordan diversos aspectos, como su próspera actividad comercial, la presencia imponente de pirámides en su arquitectura sagrada, los rituales adoratorios destinados a favorecer la agricultura, la destacada faceta guerrera enfocada en la obtención de tributos, el papel esencial de los tlacuilos en la creación de antiguos códices, así como la labor de alfareros y orfebres, artesanos dedicados al arte plumario y mujeres con sus conocimientos de herbolaria y medicina tradicional. Estos elementos permiten a Diego Rivera recrear la vida de un mundo en el que el orden cósmico, la estructura política, las manifestaciones de las fuerzas naturales y las deidades convergen en una armonía y equilibrio excepcionales.

La parte central de «La epopeya del pueblo mexicano» abarca un área de poco más de ocho metros y medio de ancho por casi trece de alto, y nos guía a través de las diversas etapas históricas de México, desde la época de la Conquista hasta el surgimiento del régimen posterior a la victoriosa Revolución. Como resultado, se convierte en un intrincado laberinto de referencias, personajes, simbolismos, elementos históricos y metáforas visuales que se combinan en una composición abrumadora.

Murales e indigenas Diego Rivera

Mexico en tiempos del virreinato de la Nueva España dentro de los murales de Diego Rivera

En contraste con la sección anterior, aquí destaca de inmediato la perspectiva que Diego Rivera adopta al representar a los conquistadores españoles. En el mundo prehispánico, incluso la representación de la guerra se enmarcaba en un orden armónico que incorporaba las estructuras políticas y la presencia divina. Sin embargo, en esta sección, los españoles son retratados desde su crueldad, como seres capaces de destruir los esplendores del mundo indígena impulsados por su propia avaricia.

Estos elementos se reflejan vívidamente en algunas imágenes impactantes, como aquella que retrata al capitán español Pedro de Alvarado, quemando con hierro caliente a indígenas previamente sometidos como esclavos. De manera igualmente impactante, se representan el derrumbamiento de los antiguos templos y la quema de valiosos códices prehispánicos a manos del fraile Juan de Zumárraga, quien se convirtió en el primer obispo de la diócesis de México.

Estos actos resultaron en la irrecuperable pérdida de una vasta cantidad de la memoria de una civilización, junto con todos sus conocimientos. Además, se aborda un evento posteriormente oscuro: la llegada de la Santa Inquisición, que institucionalizó métodos crueles de tortura, encarcelamiento y ejecución de aquellos considerados herejes o que desafiaban los dogmas religiosos y políticos que sustentaban a las autoridades virreinales.

Sin embargo, Diego Rivera no se limita a una visión unidimensional de los conquistadores, pintándolos exclusivamente como agentes destructores. También resalta elementos que narran el surgimiento de un nuevo mundo a partir de la fusión sincrética entre lo europeo y lo americano. Los complejos procesos de mestizaje, que dieron lugar a una cultura profundamente diversa, son evidentes a través de la representación de Malinche, la intérprete y esposa de Hernán Cortés, así como de su hijo Martín, quien compartía raíces tanto españolas como indígenas.

A lo largo de los años, Diego Rivera ha sido objeto de críticas por su enfoque supuestamente sesgado y maniqueísta, al idealizar a los indígenas y presentar a los españoles únicamente como figuras feroces y avariciosas. Sin embargo, en este fresco se incluyen personajes que nos instan a reconsiderar este juicio, ya que representan un lado más humanitario de los españoles. Esto se refleja en la presencia de fray Bernardino de Sahagún, quien dedicó gran parte de su vida a recopilar testimonios de la cultura indígena y comprender sus creencias para preservarlas; así como la figura de Pedro de Moya, el virrey que revocó el empleo de oidores que habían cometido numerosos abusos y estableció el primer seminario dedicado específicamente a los pobladores originarios.

Lacha de clases en México

Independencia de México

No obstante, es indiscutible que el relato pictórico compacto forjado por Diego Rivera en torno a la historia nacional lleva consigo una posición ideológica inequívoca. El enfoque que otorga a los héroes de la Guerra de Independencia, como el padre Hidalgo, José María Morelos (cuyo rostro se fusiona con el del propio pintor), Ignacio Allende, Mariano Matamoros, Josefa Ortiz o Leona Vicario, es claramente positivo.

Esta misma tendencia se refleja en la representación de los protagonistas de la Guerra de Reforma, que se despliega en el arco superior derecho del mural. Aquí, nuevamente se presentan marcados contrastes entre figuras como Benito Juárez, Ignacio Ramírez «el Nigromante», Melchor Ocampo e Ignacio Manuel Altamirano, en contraposición al sacerdote católico.

La corpulencia del clérigo simboliza cómo las autoridades eclesiásticas habían abandonado los principios de austeridad que predicaban y se habían entregado de manera frenética a la acumulación de riquezas. Además, se representa a un alto prelado que viste un traje suntuoso, exhibiendo ostentosamente las riquezas de la Iglesia.

Otros momentos significativos del siglo XIX ocupan un lugar destacado en la representación artística de Diego Rivera. Esto incluye la defensa de la soberanía nacional frente a invasiones extranjeras que dejaron una huella indeleble en la historia mexicana.

Uno de estos episodios icónicos es la resistencia ante la invasión de las tropas francesas, liderada valientemente por el general Ignacio Zaragoza en Puebla, y la instauración del Segundo Imperio encabezado por Maximiliano de Habsburgo, quien finalmente fue ejecutado junto a Tomás Mejía y Miguel Miramón en el Cerro de las Campanas. En la parte superior izquierda del mural, el águila imperial se aleja en retirada, simbolizando la derrota que selló su destino.

Además, el mural de Diego Rivera rinde homenaje a la memoria de la invasión estadounidense que comenzó en 1846 y que resultó en la cesión de más de la mitad del territorio mexicano. En esta sección, se destaca la figura de Nicolás Bravo, quien lideró la defensa del Castillo de Chapultepec el 13 de septiembre de 1847, contando con la valiente participación de los jóvenes cadetes del Colegio Militar.

En el lado opuesto, en el arco izquierdo del mural, se encuentra una abigarrada multitud de figuras que narran los acontecimientos desde la instauración del régimen de Porfirio Díaz a finales de 1876 hasta el triunfo de la Revolución Mexicana en 1910, que culminó oficialmente en 1917 con la promulgación de la Constitución.

En esta sección, el retrato de Porfirio Díaz se destaca junto a otros destacados miembros de las élites económicas de su régimen, personificados por el secretario de Hacienda José Yves de Limantour. En este mismo lado, se vislumbra la presencia de los intereses económicos que respaldaron el régimen, incluyendo la actividad industrial, la minería y el sistema de haciendas, cuya explotación tuvo consecuencias dramáticas.

Frente a estos actores, se encuentran los protagonistas que dieron forma a la Revolución en sus diversas facetas. Se incluyen representaciones de la veta obrera anarquista y periodística de los hermanos Magón, el movimiento constitucionalista de Carranza, el movimiento agrarista encabezado por Emiliano Zapata y Otilio Montaño, la lucha por la democratización y en contra de la reelección de Francisco I. Madero, así como figuras como los hermanos Carmen y Aquiles Serdán. Además, se destacan aquellos que emergieron en la posrevolución, como los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, el legislador y representante obrero Luis N. Morones, y el socialista Felipe Carrillo Puerto. Asimismo, se hace mención de los nuevos protagonistas en el ámbito del arte y la cultura, como Nahui Ollin.

Esta sección de los murales de Diego Rivera también marca el período en el que surgió el muralismo, en un momento en que el país experimentaba inestabilidades. A pesar de la caída del régimen porfirista, el gobierno revolucionario tuvo que enfrentar otros desafíos, incluyendo la resistencia cristera (representada aquí por la madre Conchita y León Toral).

Pueblos prehispánicos en murales de Diego Rivera

México de hoy y de mañana

Esta sección finaliza con el panel titulado «México de hoy y de mañana», en el cual Diego Rivera no solo expone su visión del presente cultural mexicano, sino que también establece conexiones con movimientos culturales y políticos internacionales, particularmente el comunismo. Aquí, se hace referencia directa a Karl Marx, sosteniendo un ejemplar de «El Manifiesto Comunista», y se representan diversos aspectos de la lucha de clases. Mientras que en las secciones anteriores los antagonistas de los trabajadores y campesinos eran las fuerzas tradicionales, como la Iglesia local, aquí se muestra la nueva burguesía internacional y su enfoque mercantilista. Esto se manifiesta claramente en la representación de una máquina de fabricar dinero y la presencia de los capitalistas de Wall Street. Los trabajadores también se ven obligados a enfrentar a la Iglesia y al ejército, que ahora se han aliado con la nueva clase política, así como el surgimiento de grupos de ideología fascista (representados por los Camisas Doradas) y la intolerancia ejercida en nombre del catolicismo (personificada por los Caballeros de Colón).

En contrapartida, Diego Rivera presenta las semillas de lo que él considera el futuro, incluyendo la alianza entre los trabajadores y el agrarismo, así como la contribución de las maestras y las nuevas figuras del arte, personificadas por Frida Kahlo. Esta obra monumental, uno de los logros más destacados del arte mexicano, requirió alrededor de seis años de trabajo, siendo finalizada en 1935.

En 1951, Diego Rivera regresó a Palacio Nacional para pintar una serie de paneles adicionales que complementaron su visión de las raíces históricas de México. Estos frescos, de menor extensión, exploraron la vitalidad del mundo prehispánico y su influencia en el siglo XX.

Representó el cultivo del maíz de la cultura huasteca, las festividades y ceremonias de la cultura totonaca en el Golfo de México, la orfebrería y el arte plumario de la cultura zapoteca en la región central de Oaxaca, así como la destacada labor de los pintores tarascos, que poseían conocimientos técnicos avanzados en pigmentos, resinas y tintes textiles.

Además de esta serie, Diego Rivera creó una grisalla que, a través de la arquitectura prehispánica, mostraba el alto grado de civilización alcanzado por las culturas antiguas de México. También pintó un bastidor que representaba una impresionante vista del bullicioso comercio en el tianguis de Tlatelolco, donde se pueden observar las calzadas, antiguas acequias y templos de la antigua Tenochtitlán. Por último, pintó otra obra que ilustraba la labor agrícola, la base de las civilizaciones prehispánicas, y los numerosos productos que estas civilizaciones legaron al mundo, como el maíz, el cacao, la calabaza, el tomate, el cacahuate entre otros.

Reconstrucción en 3D de Tenochtitlan

Tenochtitlan Arquitectura

Hace poco Thomas Kole un artista digital realizo la Reconstrucción en 3D de Tenochtitlan y hasta el momento todos los medios se han llenado de estas hermosas imágenes.

En palabras de Thomas Kole para la revista wired dice:

Mi interés crecía conforme exploraba los mapas de Ciudad de México. En primer lugar, soy originario de Europa, donde apenas aprendemos sobre los nativos americanos y las civilizaciones precolombinas. Nos enseñan que era gente muy primitiva. Pero, conforme aprendía más sobre la capital mexica, parecía que no solo era una ciudad muy grande y organizada, sino también una de las más grandes del mundo»

Thomas Kole para la revista wired

Es por eso que aquí te traemos una gran recopilación de todas las imágenes y videos de la reconstrucción en 3D de Tenochtitlan.

Para empezar te dejamos con este video hecho por otro estudio de animación que también realizo una Reconstrucción en 3D de Tenochtitlan.

En el año 1518, México-Tenochtitlan, que alguna vez se erigiera modestamente en las aguas del Lago de Texcoco, ha florecido en una vibrante metrópolis, la joya del imperio que gobierna y recoge tributos de más de 5 millones de súbditos. Esta imponente urbe alberga una población de 200,000 ciudadanos dedicados a la agricultura, el arte, el comercio, la guerra, la religión y la administración. En su época, Tenochtitlan ostenta el título de una de las ciudades más colosales a nivel global.

En la actualidad, esta majestuosa localidad responde al nombre de Ciudad de México.

Sin embargo, poco queda de la antigua Tenochtitlan. ¿Cómo lucía esta urbe, construida con esfuerzo sobre las aguas? Basándome en minuciosas investigaciones históricas y hallazgos arqueológicos, respaldados por el conocimiento compartido por numerosos eruditos, he procurado resucitar Tenochtitlan de la manera más auténtica posible.

Reconstrucción en 3D de Tenochtitlan

Un Mundo muy diferente

Hace 500 años, nuestro mundo era notablemente distinto. A medida que te sumerges en esta evocadora narrativa, te invito a imaginar los matices del aroma a sal en el aire y el intrigante toque de chile ahumado. Adéntrate en la melodiosa música de la lengua náhuatl y en el suave murmullo de las canoas deslizándose por los intrincados canales. Abre tus sentidos a los cantos de las aves que llenan los frondosos árboles y permite que el cálido abrazo del sol acaricie tu piel.

En este entorno fascinante, las personas se visten con delicadas prendas de algodón y despliegan sus habilidades en diversos oficios. Trabajan incansablemente en los campos, dan vida a deliciosos manjares, participan en animados intercambios comerciales y ejercen sus artes bajo la sombra protectora de árboles frondosos y toldos acogedores.


Tenochtitlan Atardecer

Una Ciudad Organizada

El diseño urbano de Tenochtitlan, caracterizado por su trama cuadriculada, pone de manifiesto la estructura jerárquica de esta ciudad antigua. Cada barrio se planifica meticulosamente y dispone de sus propios mercados, escuelas y talleres, creando una red de comunidad vibrante y autónoma.

La constante atención a las acequias garantiza una eficiente vía de transporte tanto para sus habitantes como para sus bienes, mientras que pasos y puentes tejen la intrincada trama urbana de esta impresionante metrópolis.


Tenochtitlan Arquitectura

Arquitectura Unica

Ante el telón de fondo de modestas viviendas de un solo nivel, se alzan imponentes estructuras que dominan el paisaje: desde el majestuoso templo doble en el corazón de la urbe hasta los santuarios locales que honran a sus divinidades en los diferentes barrios. El Recinto Sagrado, que alberga al venerado Templo Mayor, representa el epicentro absoluto de la ciudad. Justo a su lado se encuentra el suntuoso palacio del respetado tlahtoani Motecuhzoma Xocoyotzin, acompañado por otros templos, centros educativos, exuberantes jardines y un cautivador vivario.


Tlatelolco Centro

Tlatelolco

Al norte de la grandiosa Tenochtitlan se extiende Tlatelolco, su ciudad hermana. Con el tiempo, estas dos ciudades se amalgamaron, aunque Tlatelolco permaneció subordinada al dominio tenochca.

En esta metrópolis, se erige un mercado de vital importancia que se convierte en un punto de encuentro para el intercambio de productos provenientes de los rincones más lejanos del vasto imperio.

Estos render son una gran vision de la reconstrucción en 3D de Tenochtitlan.


La Cuenca de México

La Cuenca de México se halla rodeada por majestuosos volcanes, siendo el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl los más destacados entre ellos.

A lo largo de sus vertientes, discurren las aguas provenientes de las lluvias y manantiales, que convergen para dar forma a un cuerpo de agua salina en el corazón de esta región.

La altitud de la Cuenca sobrepasa los 2000 metros sobre el nivel del mar, incluso en sus puntos más bajos, otorgándole una topografía singular y espectacular.


Lago vista aerea

El Lago que rodeaba la ciudad

La construcción de una ciudad en medio de un lago plantea un desafío constante contra los elementos acuáticos.

Un elaborado sistema de acequias, canales, esclusas y un albarradón de 16 kilómetros de longitud se convierten en la ingeniosa solución que suministra agua dulce a los mexicas, procedente de las altas montañas circundantes.

Este ingenioso sistema de compartimentación garantiza que la ciudad esté rodeada por agua salina, mientras que el agua salada se retiene en el extremo oriental del lago. Además, un acueducto estratégicamente dispuesto, que se extiende desde Chapultepec, abastece a la ciudad con un suministro constante de agua potable.


Chinampas

Las Chinampas

Los mexicas desarrollan parcelas de cultivo al hincar estacas en el lecho del lago y llenar cuidadosamente el espacio con tierra y cascajo.

En estas fértiles chinampas, se cosecha una variada gama de alimentos, incluyendo maíz, frijol, calabaza, chile y flores.

Este sistema agrícola innovador no solo sustenta a la población, sino que también posibilita el crecimiento tanto en términos de extensión territorial como de número de habitantes de la ciudad.


Tlacopan y Texcoco Cruce

 Tlacopan y Tetzcoco

La cuenca de México ha sido hogar de comunidades humanas a lo largo de milenios. A lo largo de las orillas del lago, surgieron diversos pueblos y ciudades que compartieron este entorno único. Entre las más destacadas, Tenochtitlan, Tlacopan y Tetzcoco se unieron para formar la poderosa Triple Alianza, que marcó un capítulo fundamental en la historia de la región.

La ciudad de Tenochtitlan se conecta con la tierra firme a través de una intrincada red de calzadas que se extienden hacia Tlacopan, Azcapotzalco, Tepeyacac y otros lugares más distantes. Estas calzadas no solo facilitan el transporte y el comercio, sino que también fortalecen los lazos entre las diversas comunidades que conforman la gran cuenca de México.


Conclusion sobre la Reconstrucción en 3D de Tenochtitlan

Indudablemente este es un gran trabajo que nos ayuda a comprender más como era Tenochtitlan original mente si quieres ver las imágenes comparativas de este proyecto pueden entrar a su sieio oficial haciendo clic aquí.

Donde con las imagines de la reconstrucción en 3D de Tenochtitlan comparativas del ayer y hoy te podar dar una idea de las ubicaciones.

Museo Panteón de San Fernando

Tumba de Benito Juarez en el panteón de San Fernando

El Museo Panteón de San Fernando es un cementerio histórico ubicado en la Ciudad de México. Fue fundado en 1786 por el virrey Bernardo de Gálvez y Madrid, y es el lugar de descanso final de una gran cantidad de personajes importantes de la historia de México, tanto de la época colonial como de la república.

Historia del panteón de San Fernando

Foto Antigua del panteón de San Fernando

El panteón fue construido en el siglo XVIII para reemplazar al antiguo cementerio de la iglesia de San Fernando, que ya no podía dar cabida a la creciente población de la ciudad.

Anteriormente se los cuerpos eran enterrados dentro de la iglesia pues se creía que era la mejor manera de tener un acceso asegurado al cielo.

En la majestuosa Iglesia de San Fernando, adyacente al altar principal, reposan los restos de dos destacados virreyes, Matías de Gálvez y Gallardo y su ilustre hijo Bernardo de Gálvez. Estos distinguidos personajes, artífices de la construcción del icónico Castillo de Chapultepec y múltiples otras obras trascendentales, encuentran su eterno descanso en este histórico lugar.

El panteón se inauguró en 1786, y rápidamente se convirtió en uno de los cementerios más importantes de la Ciudad de México. En él fueron enterrados un gran número de personajes importantes de la época colonial

Época republicana

Con la independencia de México, el panteón continuó siendo utilizado para el entierro de personajes importantes de la república. En él fueron enterrados, entre otros, el presidente Ignacio Comonfort, el general Ignacio Zaragoza, el escritor Ignacio Manuel Altamirano, y el artista José Guadalupe Posada.

Tumba de Benito Juarez

Personajes importantes que han estado en el Panteón de San Fernando

  • Benito Juárez
  • Miguel Miramón
  • Ignacio Zaragoza
  • Miguel Lerdo de Tejada del Corral
  • Ignacio Comonfort
  • Melchor Ocampo
  • Mariano Riva Palacio
  • Martín Carrera
  • Vicente Guerrero
  • Manuel de la Peña y Peña

Museo del panteón de San Fernando

En 1987, el panteón fue declarado Monumento Artístico Nacional. En 1996, fue convertido en museo, y sus puertas fueron abiertas al público.

El museo cuenta con una colección de más de 150 tumbas y nichos, que representan un importante testimonio de la historia de México.

A continuación, te dejamos una galería con fotos para que conozcas como es el panteon a detalle:

Recorrido por el panteón de San Fernando

El recorrido por el museo comienza en la entrada principal, donde se encuentra la antigua tumba de Miguel Miramón.

Pero en esta no se encuentra el cuerpo de Miramon ya que fue cambiado de lugar por su familia cuando se entraron que Benito Juarez también estaría enterrado en el mismo panteon.

A continuación, se puede visitar el panteón grande, que es el área más grande del cementerio. En el panteón grande se encuentran la mayoría de las tumbas y nichos más importantes.

Tumbas Panteón de San Fernando

El recorrido continúa por el panteón chico, que es un área más pequeña ubicada al final del panteón grande (actualmente cerrada al público por remodelación). En el panteón chico se encuentran las tumbas de personajes menos conocidos, aunque no con lapitas tan llamativas como las del panteon grande.

Visita el Museo Panteón de San Fernando

Tambien de tejamos con este documental muy recomendado hecho por El Foco donde se muestra más a detalle la historia, algunas leyendas y más detalles de este hermoso e inigualable lugar

Panteón de San Fernando por el Foco

Ubicación del panteón

Caul es la dirección del Museo Panteón de San Fernando

El panteón está ubicado en C. San Fernando 17, Centro Histórico de la Cdad. de México, Guerrero, Cuauhtémoc, 06300 Ciudad de México, CDMX

Te dejamos la ubicación en Google maps para que lo puedas ubicar más fácilmente

Horario de Visitas

¿Cuáles son los horarios del Museo Panteón de San Fernando?

El Museo Panteón de San Fernando está abierto de martes a domingo, de 9:00 a 17:00 horas. El costo de la entrada es gratuito.

El Museo Panteón de San Fernando es un lugar de gran importancia histórica y cultural. Te recomendamos seguirlos en sus redes sociales ya que normalmente hacen eventos como obras de teatro entre las tumbas.

Es un lugar que vale la pena visitar para conocer más sobre la historia de México y sobre los personajes que han sido parte de ella.

Casa Rivas Mercado: Un tesoro arquitectónico en la Ciudad de México

Casa Rivas Mercado

La Casa Rivas Mercado es un inmueble de gran valor arquitectónico e histórico ubicado en la colonia Guerrero, uno de los barrios más emblemáticos de la Ciudad de México. Fue diseñada y construida por el arquitecto Antonio Rivas Mercado, autor de la Columna de la Independencia, entre 1893 y 1897.

La casa es un ejemplo representativo de la arquitectura ecléctica del siglo XIX, que combina elementos de diferentes estilos, como el neogótico, el neorenacimiento, el art nouveau y el neoclásico.

La Casa Rivas Mercado fue el hogar del arquitecto y su esposa, la pianista Antonieta Rivas Mercado.

Fue aquí donde Rivas Mercado diseño el monumento de la victoria alada mejor conocido como Angel de la independencia que representaba 100 años de independencia en el porfiriato.

La pareja vivió en la casa hasta 1917, cuando el arquitecto se mudó a Europa. La casa quedó abandonada durante varios años, hasta que fue adquirida por el gobierno de la Ciudad de México en 2004.

En 2017, la casa fue restaurada y abierta al público como museo, aunque por el sismo del 2019 la casa volvió a cerrar y volvió a estar en funciones en 2022.

El museo alberga una colección de objetos personales de la familia Rivas Mercado, así como exposiciones temporales sobre arte y arquitectura.

Rivas Mercado

Historia de la Casa Rivas Mercado

La Casa Rivas Mercado fue construida para Antonio Rivas Mercado y su esposa, Antonieta Rivas Mercado. El arquitecto era un hombre visionario que estaba interesado en las últimas tendencias arquitectónicas. La casa fue diseñada para reflejar su gusto por la estética ecléctica.

La construcción de la casa comenzó en 1893 y duró cuatro años. El arquitecto supervisó personalmente todos los detalles del proyecto, desde la selección de los materiales hasta el diseño de los interiores.

La casa fue terminada en 1897. La pareja se mudó a la casa y vivió allí hasta 1917, cuando el arquitecto se mudó a Europa. La casa quedó abandonada durante varios años, hasta que fue adquirida por el gobierno de la Ciudad de México en 2004.

Casa Rivas Mercado Abandonada

Arquitectura de la Casa Rivas Mercado

La Casa Rivas Mercado es un ejemplo representativo de la arquitectura ecléctica del siglo XIX. La fachada de la casa es simétrica y está decorada con elementos de diferentes estilos, como el neogótico, el neorenacimiento, el art nouveau y el neoclásico.

La torre de reloj, ubicada en el centro de la fachada, es una de las características más distintivas de la casa. La torre está decorada con elementos neogóticos, como las agujas y las ventanas.

Otro aspecto intereante es que la casa es en diagonal aproximadamente 45 grados de la calle, esto para tener una mejor orientación con la iluminación solar que entra por las ventanas

Pasillo Casa Rivas Mercado

Interiores de la Casa Rivas Mercado

Los interiores de la casa están decorados con un estilo lujoso y elegante. Los pisos están hechos vitrales muy poco vistos en el país.

Piso Casa Rivas Mercado

Se conservan pocos muebles originales, pero uno de los muebles más importantes que un se conserva es el comedor de Rivas mercado donde estuvieron grandes personajes del siglo XIX.

En el centro cuenta con una escalera hecha totalmente de madera y con unos acabados impecables.

Escaleras Casa Rivas Mercado

Museo Casa Rivas Mercado

En 2017, la Casa Rivas Mercado fue restaurada y abierta al público como museo. El museo alberga una colección de objetos personales de la familia Rivas Mercado, así como exposiciones temporales sobre arte y arquitectura.

La colección del museo incluye muebles, pinturas, fotografías y documentos personales de la familia Rivas Mercado. La colección ofrece una visión de la vida de la familia y de la época en la que vivieron.

Las exposiciones temporales del museo se enfocan en temas relacionados con el arte, la arquitectura y la historia de la Ciudad de México. Las exposiciones han presentado obras de artistas mexicanos y extranjeros, así como temas relacionados con la historia de la ciudad.

Ubicación de la casa Rivas Mercado

Esta es la dirección de la casa rivas mercado C. Héroes 45, Guerrero, Cuauhtémoc, 06300 Ciudad de México, CDMX

Tambien la puedes ver en Google maps aquí

Horario de atención

Sabado de 10:00 AM a 11:30 AM y de 12:30 a 1:00 PM

Domingo de 10:00 AM a 11:30 AM y de 12:30 a 1:00 PM

El costo es de 200 por persona y regularmente tienen visitas guiadas para conocer a detalle la casa.

La Casa Rivas Mercado es un tesoro arquitectónico y cultural de la Ciudad de México. La casa es un ejemplo representativo de la arquitectura ecléctica del siglo XIX y alberga una colección de objetos personales de la familia Rivas Mercado.

Historia de la calle República de Cuba

Ex Convento de la Concepcion afueras

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El recorrido histórico de esta calle se halla impregnado de momentos trascendentales, destacando los periodos del virreinato y la Reforma. En la actualidad, se erige como un área de notable diversidad, ofreciendo variadas opciones para el entretenimiento y la cultura.

En tiempos recientes, la vida en la calle República de Cuba ha experimentado una revitalización notoria gracias a la inauguración de espacios que promueven la recreación y la cultura. Estos lugares no solo ofrecen opciones diversas, sino que también brindan un enfoque inclusivo a las comunidades de diversidad sexual.

Esta vibrante coexistencia se entrelaza con negocios de larga trayectoria que se sitúan a la sombra de un antiguo teatro, sumando aún más encanto al escenario.

Calle República de Cuba una de los primeros trazos

Desde el amanecer hasta el ocaso, cada fachada guarda sus propias narrativas y cada esquina oculta sus misterios. El libro «La Ciudad de México,» escrito por el cronista José María Marroquí, desvela que esta vía formó parte de la traza original de la capital tras la época de la conquista. Su presencia se hace palpable en el plano trazado por Juan Gómez de Trasmonte en 1628.

Ex Convento de la Concepcion

Sin embargo, la primera cuadra sufrió el cierre posterior para permitir la expansión del convento de la Concepción. Tras la promulgación de las Leyes de Reforma, este edificio fue derribado, y en 1861, este segmento de calle se reabrió bajo el nombre de Calle del Progreso.

En la cercanía de la intersección con el Eje Central, se encuentra el icónico Cine Mariscala, cuya concepción estuvo a cargo del ingeniero Theodore Gildred. Este cine, que abrió sus puertas en marzo de 1948, fue en su apogeo un espacio con capacidad para tres mil seiscientas cincuenta butacas. Aunque posteriormente se subdividió en dos salas, acabó en estado de abandono.

Ex Convento de la Concepcion interior

En este lugar, se filmó una escena memorable de la película «El profeta Mimí,» protagonizada por Ignacio López Tarso y ambientada en los años setenta. Otro rincón relevante es el pasaje ubicado detrás del cine, que actualmente permanece cerrado por una reja.

En el pasado, formaba parte del convento de la Concepción y poseía su propia identidad con «atarjea, enlosado y faroles que iluminaban la noche, creando la sensación de una pequeña localidad», según palabras de marroquí. Más tarde, se abrió al público bajo el nombre de Callejón del Progreso.

Edificio estilo art deco en la calle República de Cuba

Hacia el lado oriental, en la esquina con la Calle del 57, se erige un edificio de estilo art déco que llama la atención por sus detalles en azulejo y un relieve sobre su puerta. Este inmueble destaca por un remate ornamentado con las figuras del sol y la luna. El diseño es obra del arquitecto Enrique Aragón Echeagaray, reconocido por creaciones como el Monumento a Álvaro Obregón y el libro «Fisonomías de la ciudad». La construcción de este edificio tuvo lugar entre 1929 y 1930.

La evolución de una de las calles más emblemáticas

La calle República de Cuba, antes conocida como Dolores entre la Calle del 57 y Allende, ha evolucionado en una animada arteria central de la vida nocturna en el corazón del Centro. En este tramo, se encuentran destinos imprescindibles dentro del relato local, tales como El Marrakech y La Purísima, elementos fundamentales de la escena nocturna.

A pasos de distancia dentro de la misma calle de república de Cuba, en el número 34, permanece un edificio de estilo ecléctico que solía albergar la pulquería «Charros, No Fifís.» Este establecimiento atrajo la atención del fotógrafo estadounidense Edward Weston, quien lo mencionó en su diario junto a otras pulquerías de la época.

El tramo subsiguiente fue denominado Calle del Águila, un nombre que adoptó a finales del siglo XVII en reemplazo de Ballesteros. Aquí se resguardan los vestigios del Teatro Lírico, una joya de las artes escénicas en el corazón de la ciudad. El arquitecto Manuel Torres Torija fue el creador de este edificio que abrió sus puertas en agosto de 1907.

El evento inaugural, un espléndido «lunch-champagne,» fue registrado en una crónica del periódico El Mundo Ilustrado, donde figuras como Justo Sierra y Rafael Icaza Landa encabezaron la celebración. El teatro se convirtió en escenario para artistas de la talla de María Conesa y en el hogar de producciones de revista.

Un punto de encuentro esencial en la zona es la cantina Río de la Plata, que a lo largo de su historia ha atraído a una audiencia diversa. En enero de 1903, un breve anuncio en el periódico El Popular invitaba a la inauguración de reformas en el establecimiento, realizadas por los señores Cosme del Torno y Agustín Núñez.

Posteriormente, el Diario Oficial documentó la venta del lugar a diferentes propietarios. Fotografías de la década de los veinte nos brindan una visión del entorno de aquel entonces: justo al frente se encontraba la tienda La Ciudad de Oviedo, en un edificio que con el tiempo fue reconstruido mientras se preservaba el nicho de la esquina. A poca distancia, en el número 55, el cabaret Iris ocupaba la planta baja del actual Hotel Princess, añadiendo un toque de esparcimiento a la zona.

Desconfianza y temor hacia la vacunación en México durante el siglo XIX

Primera vacunación

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A lo largo de diversas épocas en su pasado, la metrópolis nacional ha enfrentado brotes de enfermedades epidémicas. Los empeños dirigidos a controlar y reducir sus efectos forman episodios singulares en la historia urbana, donde el Centro Histórico emerge como un protagonista fundamental. Esta composición detalla la narrativa de cómo los habitantes de la capital experimentaron en el pasado las campañas de inmunización, ofreciendo una visión panorámica de la situación.

Primeros vestigios de la vacunación en el mundo

«Experimente, no simplemente piense», fueron las palabras que el novedoso cirujano y anatomista, John Hunter, transmitió a su pupilo Edward Jenner, al abordar sus inquietudes acerca de una creencia arraigada en la población: que aquellos que habían contraído la peste de las vacas (cowpox) estaban exentos de padecer viruela (smallpox) en el futuro. Precisamente, el joven médico evocaba un recuerdo de su niñez cuando escuchó a Sarah Nelmes, una mujer dedicada al ordeño de vacas, afirmar que nunca sufriría los estragos de esa enfermedad en su rostro, ya que había experimentado sus efectos en algún momento de su vida.

Edward Jenner, quien posteriormente sería reconocido como el fundador de la inmunología, siguió el consejo de su mentor y emprendió sus investigaciones. En poco tiempo, descubrió que, al inocular el pus variólico de las pústulas en las ubres de las vacas en individuos sanos, estos experimentaban una versión atenuada de los síntomas, lo que conducía a una inmunidad futura contra la viruela. El 14 de mayo de 1796, experimentó una profunda satisfacción al observar que el joven James Phillips, a quien había vacunado, no mostró señales de enfermedad ni fallecimiento después de estar en contacto con pacientes afectados por la viruela. Este resultado se repitió con otros sujetos a los que aplicó este proceso, que empezó a denominarse «vacunación» debido a su origen relacionado con las vacas.

Ilustración de libro de vacunación

Sin embargo, la travesía de Jenner no fue exenta de desafíos, ya que sus descubrimientos, presentados en su obra titulada «An Inquiry into Causes and Effects of Variolae Vaccinae» en 1798, no encontraron eco en la comunidad médica de Londres. En ese tiempo, los médicos se mostraron reticentes a la terapia, preocupados de que los pacientes pudieran transformarse en ganado. Esta perspectiva negativa afectó la percepción pública. De hecho, los habitantes de Londres llegaron a creer que al someterse a la vacunación, podrían adquirir características propias de las vacas. A esta inquietud se sumó el rechazo expresado por otro sector de la población, argumentando que este método preventivo era poco higiénico e incompatible con valores cristianos debido al uso de pústulas bovinas.

Así se inaugura no solo la crónica de las vacunas, sino también la de las respuestas sociales adversas, que en varios momentos han rozado con la desconfianza, la indiferencia y el miedo colectivo. Actitudes que, en sintonía con los múltiples cambios sociopolíticos, económicos, culturales, discursivos, científicos, ideológicos y simbólicos, han obstaculizado la adopción de esta solución por amplios sectores de población en todas las regiones del globo.

A pesar de la duda expresada por sus colegas en Londres, el éxito de Jenner resonó rápidamente en la comunidad científica internacional. Surgieron múltiples detractores, críticos y escépticos, aunque hubo quienes se convencieron de la validez de sus descubrimientos. Uno de los que se unió a este último grupo fue Francisco Xavier Balmis, el cirujano más eminente de la Corte española, quien alentó a Carlos IV a adoptar el novedoso método de vacunación. Una circunstancia relevante allanó el camino para esta adopción: la infanta María Teresa, hija del monarca, había caído enferma de viruela en 1794 a la edad de cuatro años.

Barco con Vacunas

La vacunación llega a México

Así fue como el 30 de noviembre de 1803, partió el barco de la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, que llegó a las costas mexicanas en agosto del año siguiente. Su objetivo era llevar las vacunas a la Ciudad de México para combatir los brotes epidémicos de viruela, a los que la población se refería como la «Dama negra». Al llegar, el Comité de Vacunación se topó con ciudadanos aprensivos ante la inmunización. De hecho, el temor desatado por la vacuna en la población fue tan intenso que varios habitantes ocultaron a sus hijos para evitar que recibieran este remedio.

Con el objetivo de calmar estas reacciones, el virrey José de Iturrigaray optó por vacunar a su propio hijo en la Casa de Niños Expósitos, que estuvo ubicada en distintos lugares a lo largo del tiempo, como cerca de la Plaza del Carmen entre 1664 y 1667, y posteriormente cerca del Puente de la Merced a partir de 1771.

Su propósito era evidente: demostrar a los habitantes urbanos que esta medida no representaba ningún peligro, sino que ofrecía resguardo. Para fortalecer este mensaje, recorrió las calles para difundir información esencial y ordenó la publicación de detalles en las páginas de la Gazeta de México. Estos informes abarcaban los lugares donde se administrarían las vacunas, junto a notas científicas que exploraban su origen y ventajas.

Miedo a la vacunación

A pesar de estos esfuerzos, el miedo y la incertidumbre de la población persistieron durante gran parte del siglo XIX e incluso en las primeras décadas del siglo XX. Concomitantemente, la intervención gubernamental en la esfera familiar y en la vida cotidiana incrementó. Por ejemplo, las autoridades se enfocaron en persuadir a los ciudadanos a someterse a la vacunación gratuita, especialmente aquellos que carecían de recursos para costearla.

Esta intención se reflejó en un anuncio difundido en el Monitor Republicano el 7 de diciembre de 1872, bajo el título «Beneficio a los pobres». En este aviso se señalaba que en la botica de la calle de Olmedo, actualmente Correo Mayor, se administraba la vacuna diariamente, instando a no desaprovechar la oportunidad y llevar a los niños a recibir la inmunización.

Instrucciones para administrar la vacuna

En paralelo, el Estado implementó incentivos para las madres cuyos hijos manifestaban una respuesta favorable al proceso de vacunación con pus vacuno. Se establecieron directrices para que las maestras de las escuelas primarias se aseguraran de que sus estudiantes estuvieran protegidos mediante la inmunización.

Lo mismo se solicitó a los médicos que trabajaban en instituciones benéficas y hospitales, a fin de garantizar la protección de los residentes de dichos establecimientos. Se ideó un método de «vacunación ambulante», que aprovechaba los días de mercado y otras oportunidades para inmunizar al mayor número de personas posible.

Republica de Guatemala antigua calle de la escalerillas

Campañas de vacunación

Campañas de vacunación se llevaron a cabo en parroquias y centros de salud, y se difundieron anuncios en los medios de comunicación para crear conciencia entre los ciudadanos acerca de la importancia de recibir la vacuna.

Estos anuncios proporcionaban información detallada sobre los lugares y horarios de inmunización, tal como se observó en la edición del jueves 8 de febrero de 1872 en el periódico La Voz de México:

[…] se administra todos los días, a las doce
en la casa número 8 de la calle de las Escalerillas. Los martes, a las once, en el hospital
de San Hipólito. Los jueves, a la misma hora,
en el cuadrante de Santa. Los sábados, en la
plazuela de San Lucas, «Casa de la pólvora».
Los domingos, en la calle del Sapo [número] 8.

En la edición del 23 de marzo de 1877 de El Pájaro Verde se anunció a los lectores que la vacunación «se realiza diariamente, incluso en días festivos, a las doce del día en la calle de las Escalerillas, número 8». Simultáneamente, el Consejo Superior de Salubridad, la entidad consultiva en temas de salud del gobierno mexicano desde finales del siglo XIX, informó a través del periódico La Voz de México en su edición del jueves 9 de agosto de 1888 que:

La vacuna se administra gratuitamente en la
capital, de once a doce de la mañana todos los
días, en las oficinas del Consejo (calle de Xicoténcatl número 3); y a la misma hora los lunes
y sábados en las parroquias de Santa María
y San Cosme; los martes y viernes en las de
Santa Ana y San José; los miércoles y jueves
en las de la Soledad y Santa Cruz y San Pablo,
y los domingos en las de Santa Catarina y la
Santa Veracruz.

El remedio también estaba a disposición en la clínica privada que el doctor Muñoz estableció en la calle de las Escalerillas alrededor de 1878. Según los informes, la administración de la vacuna continuaría allí todos los días de doce a una, con la supervisión directa de los doctores Liceaga y Alcorta. En décadas posteriores, el doctor Elcoro también siguió el mismo camino, ofreciendo su «vacuna contra la viruela ‘Precolaba’, siempre fresca», en su laboratorio ubicado en el número 5 de la avenida de los Hombres Ilustres, actualmente conocida como avenida Hidalgo, que atraviesa el costado norte de la Alameda Central.

Templo de la Santa Veracruz

Resistencia a la vacunación

A pesar de estas incansables iniciativas, los ciudadanos de la Ciudad de México continuaron mostrando resistencia a recibir la vacunación. En otros momentos, las autoridades de la capital recurrieron al uso de la fuerza para inmunizar a aquellos que se mostraban reacios. El martes 20 de febrero de 1900, un artículo publicado por El Universal informó que, en cumplimiento de la ley, las autoridades de la ciudad se vieron obligadas a:

…llevar a la obediencia a los muchos que
se resistían a consentir en la inoculación de
sus hijos con la linfa vacunal […] en la capital, solo en determinados meses del año
despliega actividad y se mira en las calles
a los gendarmes, deteniendo a las mujeres
que llevan en brazos a sus pequeños para
registrar a estos y conducirlos a las oficinas
sanitarias cuando no les encuentran las cicatrices de la vacuna.

Durante los siglos XIX y XX, los residentes de la Ciudad de México mostraron resistencia a someterse a la vacunación debido a una combinación de miedos, falta de información, desconfianza y desconocimiento respecto a este procedimiento médico. Asimismo, se sumó la preocupación generada por «algunos incidentes en la administración de la vacuna que resultaron en enfermedades e incluso fallecimientos de niños […] la población no es ingenua».

A pesar de las respuestas colectivas de desconfianza y preocupación, las vacunas gradualmente abrieron camino y añadieron nuevos episodios a la historia de la Ciudad de México. Es innegable que hasta el día de hoy existen variadas manifestaciones de aprehensión hacia las medidas de salud, tanto a nivel individual como a través de los medios de comunicación en masa. Sin embargo, es igualmente cierto que las vacunas han ido ganándose la confianza de amplias porciones de la población, ya que gracias a ellas en momentos anteriores se logró controlar brotes epidémicos, como los de la viruela, mencionada anteriormente, o de otras enfermedades como el sarampión o la poliomielitis, que afectaron la vida de los ciudadanos de la capital hasta bien entrado el siglo XX.